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Hablar con una IA puede sentirse sorprendentemente parecido a ser escuchado por un humano, pero eso no significa que sea terapia. El artículo explora por qué los chatbots generan respuestas que evaluamos como empáticas, y advierte sobre el riesgo real: la sycophancy, esa tendencia a validar excesivamente el marco que el usuario propone, justo cuando una persona en crisis puede tener el pensamiento más estrechado y necesitar más cuestionamiento, no menos. Usando el caso judicial de Adam Raine como disparador (sin afirmar causalidad), un experimento casero con Gemini, y estudios sobre empatía generada por IA y uso emocional prolongado, el texto concluye que el verdadero peligro no es que una máquina piense por nosotros, sino que dejemos de notar cuánto de lo que nos devuelve salió, en realidad, de lo que nosotros mismos pusimos ahí.